Excursiones

El Hotel Al Mulino es lo más cercano a Villa Damecuta, una de las doce residencias del emperador romano Tiberio en la isla, al pinar que la rodea donde se pueden hacer carreras, y a la torre medieval que domina la Gruta Azul.
 Espectaculares y románticas son las puestas de sol que se pueden gozar al atardecer en cada estación del año. Paseando por una atajo hecho de escalones que empieza aquí, se llega a una localidad llamada Orrico, donde se puede empezar un recorrido de rara belleza: el sendero de los Fortinos.
Entre cornisas de roca, perfumes y colores intensos del matorral mediterráneo, se llega al Faro de Punta Carena.

El Hotel es también lo más cercano a la Gruta Azul, mítico templete del emperador Tiberio, que todavía hoy con sus reflejos azul-plata hechiza a los visitantes y les regala emociones inolvidables.

Un bonito paseo panorámico a pie conecta el Hotel Mulino con el centro de Anacapri, entre las estrechas callejuelas de Traversa La Vigna, Via La Vigna, con sus características casas blancas con techos abovedados y puntos panorámicos y la histórica plaza Boffe.

Para los que no aman los paseos, a 150 metros está la parada del autobús para el centro de Anacapri y para la Gruta Azul, que permite alcanzar la localidad deseada en pocos minutos. En el centro histórico está la Iglesia de Santa Sofia, parroquia de Anacapri, y cerca de allí no pueden perderse una visita a la Iglesia de San Miguel con su precioso suelo en azulejos del siglo dieciocho y que representa la huida de Adán y Eva del Edén. Un poco más arriba está la Casa Roja, particular domicilio del coronel americano J.C. MacKowen, decorada con restos de época romana y con una exposición permanente de pinturas napolitanas del siglo diecinueve y de las estatuas romanas encontradas en la Gruta Azul.

En todo el centro histórico, hasta llegar a la Villa S. Michele, casa-museo del médico y arqueólogo sueco Axel Munthe y a la antigua puerta que un tiempo dividió las dos Comunidades, se puede ir de compras por tiendas por las tiendas artesanales de Anacapri.

Desde el centro turístico sale un telesilla para el Monte Solaro, el punto más alto de la isla desde donde se puede admirar toda la isla y alcanzar con la vista desde el Golfo de Nápoles hasta Sorrento y hasta la Costa de Amalfi.

Un pequeño rincón paradisíaco es también el valle de Cetrella, con su Ermita del siglo diecisiete, a la que se puede llegar bajando a pie desde el Monte Solaro o desde el sendero que empieza en el bulevar Axel Munthe.
Los aficionados a la naturaleza, al excursionismo y a los paseos pueden llegar a Cetrella también por el camino del Passetiello, que ofrece a los ojos de los visitantes unos paisajes que no hay que perderse.

Otro encantador mirador que da al Faro de Punta Carena y a los Faraglioni es la Migliera, donde se puede parar para meditar en el Parque Filosófico fundado por el Prof. Gunnar Adler Karlsson y su mujer Marianne.

La Gruta Azul, con la playa de Gradola y el Faro de Punta Carena, el segundo de Italia por su importancia y alcance de su luz, son los destinos favoritos para los que quieren broncearse y relajarse al borde de las aguas limpias de nuestro mar.

Se puede ir de Anacapri a Capri o a las playas de Palazzo a Mare o de Marina Grande también atravesando la milenaria y panorámica Scala Fenicia que, con sus más de 800 escalones y que cruza huertas y viñedos, en otro tiempo fue la única vía de comunicación entre las dos Comunidades de la isla.

Una vez llegados a Capri el primer lugar que encontrarán es la mundana Piazzetta con la lujosa Via Camerelle y los estrechos callejones históricos como Via Le Botteghe y Via Longano, que llevan tanto a Villa Jovis, residencia principal del emperador Tiberio, como al Arco Natural.

Si quieren, pueden bajar a la prehistórica Grotta de Matermania y continuar por el Pizzolungo pasando por Villa Malaparte hasta llegar a los míticos Faraglioni.

Un paseo romántico, especialmente en las noches de luna llena, es el que llega al Belvedere de Tragara, con sus bancos que se asoman a los Faraglioni, situados muy cerca.

Cerca de la Piazzetta los Jardines de Augusto dan a la bahía de Marina Piccola y dominan via Krupp, completamente excavada en la roca, que debe su nombre al alemán "rey del acero" que la hizo construir para acceder privadamente a su villa de Marina Piccola.

A dos minutos está la Cartuja de San Giacomo, del siglo quince, con una iglesia con frescos del siglo diecisiete y la adyacente sala con la exposición permanente de cuadros del pintor romántico Diefenbach.

Para un viaje a la prehistoria, enfrente de la ex Catedral de S. Stefano, el Museo Ignazio Cerio recoge más de 20.000 restos naturales y arqueológicos de Capri y de varias partes del mundo.

Estas son las excursiones más conocidas pero la isla es un discubrimiento continuo de rincones y vistas panorámicas extraordinarios por doquier.

Y para terminar, otro itinerario imprescindible para admirar una de las caras más mágicas y fascinantes de la isla, con sus costas rocosas, sus ensenadas e innumerables grutas, es la vuelta de la isla en barco, que permite tanto tomar el sol con la fresca brisa marina y darse placenteros baños en lugares que no son accesibles desde la tierra firme.

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